Niño
Toma todo el tiempo que necesites para romperte los brazos, mientras tanto me pondré a escribir.
Toma todo el tiempo que necesites para romperte los brazos, mientras tanto me pondré a escribir.
Tengo sueño de ti.
El deseo llega en dos segundos, el amor, el amor llega puntual.
No podía dormir, algo se quemaba. Revisé la estufa, el televisor, la azotea del vecino y nada. Salí, caminé un rato, di una vuelta, volteé a las estrellas, y nada. El olor persistía. Regresé a casa. Me rendí. Me metí a la cama, me envolví en cobijas para no oler, ni escuchar, ni sentir, ni nada. Nada. Apreté los ojos obligándome a dormir, y soñar, y justo, justo en ese momento, descubrí que el rugir de los volcanes venía de dentro.
Yo tengo el talón en los labios.
Te escribo desnudo porque no encontré otra manera de hacerlo.
Yo. Abriría el mar. Aplacaría el temblor. Encontraría el rincón. Arrancaría cabezas sin espada. Yo, con poco talento. Pero yo, yo sí me arriesgaría a ahogarme en miel por un abrazo.
Ya no sé si masturbarme o aplaudirte.
Una, dos y mil. Tengo dos. Dos ojos y brazos, y pies, y oídos. Todo yo, partido y unido en dos. Todo yo, sostenido de dos y al mismo tiempo de cuatro. De cuatro ojitos y cuatro pies, y oídos. Cuatro que son dos. Cuatro que al mirarme parecen cien, o mil, o cántaros infinitos de fuerza pequeñita que me bastan para levantarme una, dos y mil veces.
El placer, el deseo, el amor, viejas trampas nuevas.
Si ya no sabes qué hacer, ven, abracémonos, algo se nos ocurrirá.
Sólo espero que el eco de mis remos te cobije cuando tengas frío.
Ya no quiero estar despierto y pensar, pero tampoco quiero dormir y soñar. Hoy pensé seriamente en tirarme por aquella montaña, pero eso es sólo un sueño.